martes, 15 de noviembre de 2011

caperucita roja


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¿Se puede considerar que el cuento de Caperucita Roja resulta terapéutico para los chicos? A través de esta historia, los chicos más chiquitos pueden transitar lugares como la prohibición de la madre, la salida al mundo (desconocido), la ingenuidad frente al peligro, el miedo a aquello que nos amenaza y la salvación de una experiencia traumática. Puede funcionar. Es posible vivir a través del relato todas estas situaciones y salir intactos, como si el cuento fuera un simulador de viaje.
Pero llega un momento en el que el relato se cristaliza, los chicos lo saben de memoria y empiezan a aburrirse de él. Se trata de la situación ideal para la entrada de la parodia. Los chicos aceptan e incluso necesitan una relectura de estos clásicos en clave humorística, siempre en diálogo y estableciendo un guiño con la versión “original”.
Luis María Pescetti nos presenta una parodia de Caperucita Roja que pone en escena las operaciones que un niño lector realiza en el 2000 cuando ya no cree en las fábulas.
¿Por qué se trata de una parodia? Para Bajtín, la parodia se produce cuando el autor habla mediante la palabra ajena, pero entrando en conflicto con su dueño primitivo: La segunda voz, al anidar en la palabra ajena, entra en hostilidades con su dueño primitivo y la obliga a servir a propósitos totalmente opuestos. La palabra paródica se convierte en arena de lucha entre dos voces. Más precisamente, en este caso, Luis María muestra la arena de la lucha, ya que pone en escena dos voces en conflicto. Veamos.
La historia comienza con una familia: mamá, papá y el nene (Jorge). La mamá sale de la casa y el papá le dice: “no te preocupes, le cuento un cuento y le preparo algo para comer”. Ya estamos en el plano de la parodia, porque dicha conformación familiar nos muestra una inversión de los roles tradicionales de la familia, tal como aparecerían en un cuento de hadas. Pero no nos adelantemos.
Cuando el papá comienza a relatar la historia de Caperucita podemos ver, mediante la ilustración, un globo que representa el discurso del papá y un globo que muestra el pensamiento de Jorge. Desde el primer dato de la historia notamos un contraste entre lo que cuenta el papá desde su imaginario de cuento tradicional y lo que visualiza Jorge, desde su bagaje de dibujos animados, películas de superhéroes y videojuegos. Así, una “niña muy bonita”, para el papá es una nena con vestido y delantal, cachetes colorados y pelo al viento, que vive en el medio del monte. Para Jorge, en cambio, se trata de una nena peinada con trenzas y moños, mochila, muñeca y, por supuesto, en un contexto urbano. El contraste también está marcado en el dibujo mediante el uso del color. Para el globo del papá, tonos tierra y grises, y para el de Jorge, una amplia paleta de colores muy brillantes. El segundo elemento de contraste lo encontramos en la palabra “caperucita”. Jorge no sabe lo que es una caperuza, y se imagina una niña con cara (no capa ni bonete) roja. En tercer lugar, la misión de llevar la comida provoca la evocación de una canasta con frutas, por un lado, y una pizza de muzzarella, por el otro. En cuarto lugar, Caperucita atraviesa el bosque caminando entre las flores y, gracias a la imaginación de Jorge, cruzándolo por el aire, como Superman. A su vez, el lobo aparece con capa voladora, jugando una carrera aérea con Caperucita. Es curioso como aquí el lobo no es un ser temible, como en la versión tradicional. Por lo tanto, cuando Jorge se entera de que el lobo se come a la abuela de Caperucita, pone cara de “Mmm, me están mintiendo, no puede ser” y modifica la escena poniendo a la abuelita en la bandeja de un mozo, tornando la situación más cómica que trágica. La misma reacción encontramos cuando el papá dice que Caperucita no reconoció al lobo.
En este caso, Jorge representa la pérdida de la inocencia en el niño con respecto a los cuentos tradicionales. Jorge desconfía del desarrollo de la historia. ¿Cómo va a confundir un lobo disfrazado con su propia abuela? ¿Es tonta? En el relato de Luis María Pescetti encontramos una postura nueva del niño frente al cuento tradicional. En principio, hay un cuestionamiento del contenido terapéutico: el cuento ya no le sirve al niño para superar el miedo al otro desconocido (el lobo feroz) ni para aprender sobre el accionar ingenuo de Caperucita. Asimismo, la imaginación de Jorge pone de manifiesto el contraste entre el verosímil que se construye en los cuentos tradicionales y el que encontramos en historias contemporáneas de Jorge, como los personajes de los videojuegos. La tensión entre estos dos mundos nos habla de un diálogo entre la tradición y la contemporaneidad. ¿Cómo puede recuperar un chico que vive en el 2000 una historia que tiene, por lo menos, 200 años más que él?
Todos estos elementos son recuperados al final. Jorge se las ingenia para seguir imaginando en el mismo código, por más que cada dato que aporta el papá resulta un obstáculo para mantener su línea de razonamiento. Así, el cazador es un guerrero intergaláctico que las rescata en cohete espacial, y terminan todos felices comiendo pizza. Finalmente, Jorge recupera algo de la fábula porque cuando el papá le dice: “Vamos a la cocina que te preparo un sándwich bien, bien rico”, Jorge se imagina un sándwich de lobo feroz.
El cierre retoma el principio, cuando el papá promete prepararle algo de comer a Jorge. En este sentido, existe una línea argumental a partir de la comida y su relación con los roles de “mamá” y “papá”. Como dijimos al comienzo, no aparecen en este cuento los roles tradicionales asignados a los padres. La consecuencia de tener una mamá que sale y un papá que cocina es, para Jorge, que su dieta se base en pizza y sandwiches. Entonces, al tomar al lobo feroz como elemento comestible, Jorge actualiza el cuento y, por qué no, propone un nuevo arquetipo, que le es útil para expresar su realidad cotidiana.
Todavía hay mucha potencia en los cuentos tradicionales que puede ser utilizada para transitar situaciones que los chicos viven todos los días, en sus casas, con sus familias, en la escuela. Se trata de historias que conocen muy bien y, una vez que logran tomar distancia de ellas e invitarlas a la arena del diálogo, pueden hacer que ellas digan todo lo que ellos tienen para decir.


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